Tras recobrar el conocimiento, me quedé acostada en la cama con las manos cruzadas, vistiendo una bata de hospital. Cielos, cómo odiaba este lugar. El Sr. Blackwood regresó con un bolso de cuero; me había conseguido ropa nueva ya que la anterior había quedado hecha trizas por culpa del loco de Wilson.
Todavía no puedo creer que haya intentado agredirme solo por rechazar sus exigencias. Seguro le dolió en el orgullo, pero jamás esperé que reaccionara de esa manera.
—¿Aún te duele algo? —preguntó