14. Sin paciencia y sin calma
El vacío en su estómago es capaz de hacerla temblar.
—Señorita, ¿Qué está diciendo —María Teresa niega con la cabeza. No puede resignarse en creer sus palabras.
—Calma, calma —le repite Amanda con suavidad—. Entiendo que estés desconcertada, pero debes entenderme. Sé que lo harás. ¿Verdad?
Tiene que dejar María Teresa el jarrón en la mesa.
—No entiendo —dice con fuerza. Su ceño se frunce—. ¿Qué trata de decir? ¿Por qué me echa de aquí?
—Oh, ¿Y te dignas a preguntar? —Amanda suelta una risa,