Dos días después de la fiesta, David y yo nos levantamos muy pronto por la mañana, ya que teniamos cita con los abogados de mi abuelo para que me dijeran que exactamente me dejó en herencia y que me explicaran cual fue realmente mi destino cuando nací. Bajamos David y yo de la limusina, fijándome que el chofer aparco enfrente de un edificio muy alto pero muy antiguo. Entramos los dos dirigiéndonos hacia donde estaban los ascensores, subimos a uno y bajando cuando llego a la planta donde ibamos,