Capítulo 31. Te lo debía.
Dylan O’ Conell.
—Soy una estúpida, ¿no? —reclama Annabelle, con tono triste, resignado y molesto—. A pesar de toda la humillación de hace un año, regresé porque pensaba que estaba siendo injusta. Pero ya veo que hice bien en irme.
Levanto mi cabeza y veo sus ojos claros, cristalinos, con las lágrimas no derramadas. Sus mejillas están rojas y en su boca, un puchero tembloroso se forma.
—No digas eso. Que te fueras fue un golpe duro para mí.
Anna suelta una carcajada.
—Eso se nota, Dylan —declar