Capítulo 25. Sin retorno.
Dylan O' Conell.
Mis pies no dejan de rebotar contra el piso y aunque no se ven por debajo del escritorio, el ruido constante descubre mis nervios.
Con mis codos apoyados sobre la madera y mis dedos cruzados sobre mis labios, espero a que la puerta se abra y dé paso a la mujer que me trae de cabeza. Debería estar haciendo algo, a fin de cuentas, trabajo es lo que sobra; pero desde que le di la dirección a Alessandra, no dejo de pensar en lo que diré en cuanto nos encontremos.
El teléfono suena