Bastián
El pitido de espera sonaba en su oído con un ritmo monótono y desesperante. Bastián paseó la mirada por el pasillo de radiología, observando a las personas que iban y venían. Algunos examinaban placas de rayos X pegadas en las paredes, otros murmuraban sobre el arte expuesto en la galería del hospital. Todo parecía cotidiano, inofensivo. Como si su mundo no estuviera al borde del colapso.
Se apoyó contra la pared, exhalando lentamente.
Después de hablar con Bárbara, ella le dijo que la