Bárbara
Cerró el casillero con un golpe sordo. Seguía cansada, pero estaba de mejor humor desde ayer. La cirugía con Hoffmann había sido soportable, dentro de lo que cabe. Se quejó por cualquier inconveniente mínimo, como siempre, pero Bárbara optó por ignorarlo o responder con sarcasmo solo para molestarlo más. Las enfermeras parecían inmunes ya a la toxicidad en la sala de operaciones.
Por eso, cuando la cirugía terminó, casi pudo escuchar un suspiro colectivo de alivio.
Bárbara fue la primer