Lucía no se rió. Se quedó mirando un punto fijo en la pared, donde colgaba un calendario con un canino de fondo.
— No es broma —susurró.
— ¿Qué cosa?
Lucía se giró lentamente hacia su amiga.
— Que sucede algo, Lucía... me puedes contar. Estás rara desde que llegaste con esas cajas misteriosas. ¿