CAPÍTULO 23
— Vámonos de acá, Carlos —siseó Augusto, agarrando a su amigo por el brazo con una fuerza que amenazaba con rasgar la tela de su chaqueta— ¿Para qué quieres entrar a este lugar? Te lo he dicho mil veces: deja de querer apostar. No tenemos el dinero, ni la ropa, ni la paciencia para esto.