CAPÍTULO 291
El traqueteo del furgón era monótono y violento. Sofía yacía en el suelo metálico, sintiendo cada imperfección, cada giro brusco y cada aceleración como un golpe directo a sus costillas. Sus manos, atadas a la espalda con bridas de plástico resistente, estaban entumecidas, y una cinta d