CAPÍTULO 276
Estaban todos nuevamente reunidos en la finca, a excepción de los abuelos.
— Es increíble. Sencillamente increíble —estalló Thiago, deteniéndose finalmente y señalando a su primo— ¡Todo esto es por tu culpa, Mateo! ¡Tú y tu maldita obsesión por jugar al salvador de damiselas en apuros!