CAPÍTULO 244
Samanta asintió, sintiendo que las palabras nuestro mundo le sonaban como una melodía nueva y esperanzadora.
— Bien. —Mateo miró el reloj de pared de la cocina— Cuando salga de la oficina, iré a buscarte directamente a la finca. O al hipódromo, donde sea que estén. No pienso perderte de