Alexander pasó un brazo por la cintura de su esposa y miró a su hija. Sus ojos grises se llenaron de esa nostalgia cálida que solo Lucía había logrado instalar en su alma.
— Ah, el día en que me conociste —murmuró Alexander, perdiéndose en el recuerdo—. Recuerdo la lluvia. Recuerdo el vestido empapa