La lluvia golpeaba las ventanas del departamento de Lorenzo con un ritmo constante que parecía marcar el paso del tiempo de forma cruel y lenta. Habían pasado cuatro días desde el arresto de Don Octavio Hadid, cuatro días desde que la fotografía del patriarca esposado había aparecido en las primeras planas de todos los periódicos nacionales, cuatro días desde que el imperio que tres generaciones de Hadid habían construido comenzó a desmoronarse bajo el peso de sus propios crímenes.
Lorenzo Ménde