La llamada llegó a las tres de la madrugada.
Samir estaba despierto, porque dormir se había convertido en algo que su cuerpo ya no recordaba cómo hacer. Estaba en su oficina, rodeado de papeles esparcidos, con tres pantallas de computadora mostrando diferentes búsquedas sobre clínicas de fertilidad en México. Había café frío en una taza olvidada. Había una botella de whisky que finalmente había abierto porque el café ya no hacía nada.
El teléfono vibró. Lorenzo.
—Tengo información. —Su voz sona