—Les dejo solos. —se despidió la mujer.
—¿Estoy soñando verdad? —preguntó sin poder contener las lágrimas.
—No estás soñando cariño, estamos aquí. —le dijo Ivonne sonriente.
—No te pongas a llorar, no te sienta bien—dijo Xavier secándole las lágrimas con las manos.
—Dejad de regañarla, la pobre nos ha echado mucho de menos—volvió a abrazarla Anna.
—No entiendo, ¿cómo habéis llegado? Tenéis trabajo.
—Solo es por un día, mañana estaremos regresando.
—¡¿Tan pronto?!
—Tenemos trabajo ¿recuer