No podía evitarlo, se le habían nublado los ojos, pronto se le resbalarían las lágrimas y ni siquiera tenía control sobre sus manos para levantarlas y secárselas.
—Perdóname—soltó de golpe interrumpiendo su lectura. Ella lo miró y al darse cuenta de su estado se asustó dejando el libro sobre la cama y agachándose frente a él algo preocupada.
—¿Estás bien? ¿Te he molestado? Si quieres puedo marcharme…
—No, no. Creo que se me ha metido algo en el ojo. —Carraspeó y luego la miró—¿Me ayudas a poner