Karen le pidió a una de las sirvientas que preparase una ensalada de frutas para Christian y que después se lo llevara al cuarto de él. Llamó a la puerta y la abrió. Él estaba sentado frente al gran ventanal con la mirada hacia fuera y con las pelotas elásticas en las manos. Ni siquiera se había volteado a ver quién entraba.
Ella se acercó hasta posicionarse junto a él.
—Me han contado que hasta ahora no has comido. Eso no es bueno para tu salud.
Él alzó la mirada y la miró durante unos segundo