Karen salió de la habitación después de ponerse algo cómodo y recogerse el pelo en una coleta, y para su sorpresa se encontró a Christian ya en su cocina, sobre su encimera terminando ya de trocear unos tomates y cebolla.
—Pero Christian, no deberías estar haciendo nada, eres mi invitado—le tomó de la mano intentando detenerle. Él aprovechó su contacto para atraparla de espalda contra su pecho y posar su barbilla contra su hombro.
—¿Esperabas que te dejara a ti hacerlo todo? No eres mi sirvien