—Vincent, ¿puedo sentarme aquí? —preguntó ella con dulzura.
—Ya estás sentada —respondió él con tono plano.
—¿Qué está haciendo? —murmuró Joy.
—Sentémonos allá —señaló Miriam un asiento vacío un poco lejos de Vincent y Dora.
Fuimos y nos sentamos.
Sirvieron la cena.
Muchas cosas —comida deliciosa.
La gente charlaba, se relajaba, comía.
Pero yo no encontraba nada delicioso.
Ya no tenía hambre.
Ver a Dora tan cerca de Vincent —en mi cara— me quitó todo el apetito.
Mis ojos seguían desviándose hac