La puerta se cerró con un clic detrás de nosotros.
El silencio se tragó el ruido del pasillo.
Solo nuestras respiraciones —irregulares, demasiado fuertes en el pequeño espacio.
Se giró para mirarme.
Sin palabras.
Solo el paso lento hacia adelante que borró el último centímetro entre nosotros.
Mi corazón saltó a mi garganta.
Apreté el vestido con más fuerza, nudillos blancos.
Sabía que esta vez no me contendría —incluso si quisiera, mi cuerpo no me lo permitiría.
Su mano se levantó —gentil pero