Tres semanas después, todo se sentía calmado.
Ravan City parecía haber recuperado su belleza, casi como si hubiera estado esperando a que nosotros la restauráramos.
Nos reunimos en el salón. Algunos tomaban té, otros café, otros agua o jugo.
Me senté en el borde, bebiendo jugo de naranja, con los ojos desviándose involuntariamente hacia el señor Vincent.
Sus anchos hombros llenaban mi vista mientras él se encontraba a poca distancia, hablando en voz baja por teléfono. No podía apartar la mirada,