CAPÍTULO 50
Ava subió las escaleras detrás de los niños bajo la atenta observación de Noah, al llegar al último escalón giró y sus ojos conectaron, solo un experto romántico podría descifrar lo que decían esas miradas que duraron no más de cinco segundos, pero que para ellos debe haber parecido una eternidad, ambos sonrieron, ella siguió su camino, él atendió la llamada que hizo vibrar su teléfono.
–¿Doctor Langley?
–Arístides, ¿cómo esta?
–Ahora mismo fatal.