Emma entró al consultorio privado del doctor Anselmi con el corazón latiendo con una intensidad considerable, mientras Luca permanecía esperando pacientemente en la sala contigua, respetando esa solicitud específica de conversar primero directamente con ella.
—Quiero comenzar tranquilizándote sobre lo esencial —dijo el doctor Anselmi, con una calidez genuina reflejada en su expresión, invitándola a sentarse frente a él —Tu estado de salud general es considerablemente bueno. Tus indicadores card