—Es linda, mamá. ¿Puedo quedarme con ella? —inquirió Lizzy sujeta a la cuna en la que Malak dormía.
Iba a responderle cuando Ismaíl llegó.
—Ya es hora de ir a la cama, princesa —objetó su padre alzándola en sus brazos, en el acto la llenó de besos, haciendo que se partiera de la risa.
—¿Me vas leer un cuento? Brenda no está, por favor, por favor —insistió uniendo sus manitas a modo de ruego.
—Claro que sí, mi amor —continuó con los mimos, poco después la depositó en el suelo, acarició su co