— Buenas noches, querida. — dije mientras tomaba un martillo de la mesa donde se encontraban cada una de las herramientas de tortura. Ella no despertó, o al menos eso quise creer, seguramente se estaba haciendo la dormida. — No me has escuchado, ¿O es que ha sido inoportuna mi visita? — pregunté nuevamente, golpeé la madera al lado de su cabeza con el martillo que tenía en mis manos.
— ¡Maldita loca! — mencionó la mujer gritando exasperada. — ¿Qué m****a estás haciendo aquí? ¿No crees que podrí