—Haz lo que quieras —dijo Damon.
—Está bien. Tío Damon, usted está muy ocupado con el trabajo. Si no es necesario, no pierda tiempo viniendo a verme —comentó Nyla.
Damon arqueó una ceja y la estudió con detenimiento.
—¿Así es como tratas a alguien que te salvó la vida?
Nyla alzó la vista hacia él y respondió con calma:
—Precisamente porque me salvó la vida debo estar aún más agradecida. No quiero hacerle perder el tiempo cuando ya tiene tantas responsabilidades, tío Damon.
Al escucharla ll