¡No puedo perdonarte!

¡No puedo perdonarte!

Missie volvió a acostarse, se abrigo y cuando se posaba sobre su almohada, un alguien se metió en su cama y la tomó por la espalda, le pasó sus brazos por el cuello y le tapó su boca contra su mano grande y fuerte. Missie sintió pánico ante aquella persona fuerte y alta que le apretaba contra su cuerpo. Tembló de miedo y estaba a punto de desmayo, se armó de valor y forcejeó

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