POV de JOSÉ
El olor de Nina seguía pegado a mis sábanas de lona, un perfume de vino tinto y piel que se negaba a evaporarse a pesar del aire salino que entraba por las grietas del granero. Me dolía el hombro, un latido punzante que me recordaba que todavía estaba vivo, pero el dolor en mi pecho era mucho más antiguo y profundo. Anoche, por un momento, ella fue mía. No la Nina que yo quería poseer, sino la Nina que me necesitaba para no desmoronarse.
Me puse una camisa limpia con dificultad y em