POV de NINA
En la pantalla de mi ordenador portátil, los flujos financieros de Fráncfort parpadeaban en un tono verde monótono, congelados bajo la paz artificial que mi pulgar biométrico había impuesto tras la liquidación del puerto de Valencia. Madrid dormía bajo una capa de nubes densas, ajena al matadero silencioso que Jose y yo operábamos desde los sótanos de La Moraleja.
Me quité las gafas de lectura y me froté las sienes, sintiendo el crujido de la fatiga en la base de la nuca. Llevaba un