POV de JOSE
Estaba de vuelta en la cama del ala este, cubierto hasta el pecho por el edredón blanco que aún conservaba el olor a vainilla y a la crisis de Nina de la mañana.
Cada centímetro de mi costado derecho se sentía como si estuviera atravesado por hilos de hierro incandescente. La costura de seda gruesa que mi esposa había tensado en el parqué de la biblioteca se mantenía firme, pero la piel alrededor del apósito estaba caliente, enrojecida por el fango de Usera que se había metido en mi