POV de JOSE
Desperté con el sabor a yodo pegado al paladar y el peso de una losa de hormigón aplastándome el lóbulo derecho del pulmón. Eran las cinco de la mañana. La tormenta de Madrid se había retirado, dejando un rastro de vaho gris pegado a los cristales del ala este. No me moví; el menor intento de expandir la caja torácica topaba contra el dolor seco de los hilos de seda gruesa con los que Nina me había remendado la carne en el suelo.
Estaba metido en su cama. El edredón blanco estaba ma