POV de NINA
—¡Carlos, cierra la puta puerta y no dejes entrar ni al médico del Ruber! —siseé, arrojando mi portafolios de cuero sobre el sofá sin importarme que los balances de Zúrich salieran rodando por el suelo.
Jose se desplomó en la alfombra, al pie de la cama matrimonial, con la espalda apoyada contra el canapé. Tenía la camisa gris de lino hecha jirones, empapada en un carmesí pastoso que se extendía desde la tercera costilla hasta el pantalón negro. Su respiración era un silbido ronco,