Andrés dejó la reunión de la junta del conglomerado Troy convencido de que iba a haber sangre, solo era cuestión de tiempo para que empezara a manar y quería saber por quién iba a desangrar a sus nuevos enemigos. Subió a su McLaren F1 del 97, rumbo a la mansión de los Castiblanco.
Era todavía bastante joven para el promedio de multimillonarios que vivían en la isla, quizá el más joven entre ellos, no estaba seguro y, la verdad, tampoco era algo que le interrumpiera el sueño.
Aunque no era un