Valentina dejó de llorar, sus manos caían sin fuerzas mientras miraba desconcertada a Armando y Diego.
No entendía por qué su actitud hacia ella había cambiado tan rápidamente.
Antes, cuando lloraba, ellos eran los primeros en angustiarse.
Pero ahora solo mostraban indiferencia, como si aunque llorara hasta secarse, no lograrían conmoverse.
Valentina no se atrevía a confesar sus provocaciones y trampas deliberadas contra Regina.
Con los labios apretados, suplicó casi desesperadamente a Diego:
—D