Los rumores sobre la boda de Adriel con Charlotte eran cada vez más fuertes. Alguien incluso se había atrevido a deslizar una invitación por debajo de la puerta de su casa.
En un principio, Jade pensó que esto lo había hecho Adriel en una de sus visitas, pero, de algún modo, sabía que no era cosa suya.
—Me imagino que no pensarás asistir a esa boda —le dijo su madre, mientras observaba cómo arrugaba el papel entre sus manos.
—No. Desde luego que no.
—Entonces, dámelo. Yo lo botaré.
Natalia