Capítulo 38. El lago

Paula abrió los ojos primero.

La luz de la mañana entraba suave por los ventanales, filtrándose entre las hojas de los árboles que rodeaban la casa. Durante unos segundos se quedó quieta, acomodándose a la claridad del día.

Leo estaba a su lado.

Dormía de costado, con una mano apoyada cerca de su cintura. Llevaba puesto un pantalón de pijama de seda blanca que se había arrugado un poco durante la noche.

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