Mundo de ficçãoIniciar sessãoLeo no dejó de besarla.
La tumbó con suavidad entre las sábanas claras, sin romper el contacto de sus labios, como si separarse aunque fuera un segundo pudiera hacer desaparecer ese momento. La luz de la tarde entraba por los ventanales abiertos y dibujaba sombras largas sobre la madera del piso.
Paula sentía el peso tibio del cuerpo de Leo sobre el suyo, la textura de su piel, el ritmo de su respiración todavía acelerada. Afuera, los &a







