Mi paciencia estaba al límite.
—Averigua quién llama y de qué se trata ese asunto urgente.
Un minuto después, el intercomunicador volvió a sonar.
—¿Sí?
—Es una tal señorita Moreau. Dice que su emergencia es que su esposo ha muerto.
Tomé el teléfono.
—Genevieve.
—Christian. Necesito tu ayuda.
—Ya estoy trabajando en eso. Te lo dije ayer.
—Necesito más que eso.
Quitándome las gafas, las lancé sobre mi escritorio. Frotándome las manos sobre el rostro, respiré hondo. Habían pasado años desde la últ