Lo que estaba ocurriendo era, sin duda alguna, un desastre monumental sobre el que no tenía idea (bueno, sí tenía pero no entendía por qué) de cómo se había metido. En definitiva, Ciabel había aceptado para ese día el hecho de que nunca se llevaría bien con los medios de comunicación, el programa de chimentos o las redes sociales, ni tampoco con los fanáticos de Clarissa y los de Damián. Su reputación en la prestigiosa universidad ya tenía una carga considerable sobre lo que había sido su pasa