Tal vez la conversación hubiese seguido su curso con total normalidad, si lo que empezó por una lluvia común y corriente que no llegaba a llovizna por poco no se hubiera convertido, de la nada, en un diluvio potente. Un trueno hizo temblar las ventanas de la mansión y la luz se fue.
—¡Mamá la luz! —gritó Ciro. Se puso de pie en medio del corte haciendo estruendo con la silla en el proceso y buscó en la oscuridad la mano de su madre.
Ciabel, todavía sorprendida, encontró la mano de su pequeño y