Capitulo 20. Deseo carnal
Adriel queda a pocos centímetros de la pelinegra, quien lo miraba con expresión adormilada, pero a la vez demostraba otra cosa.
—No tienes por qué disculparte, no es necesario. Yo tampoco tengo porque decirte nada, nosotros…
—Ofelia —Adriel la interrumpe.
En ese momento, la pelinegra lo mira expectante, y de un momento a otro aquel hombre envuelve su cintura apretándola contra su pecho. El corazón de Ofelia latía con rapidez, sus piernas comenzaron a fallarle y con cada segundo, perdía fuerzas.