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Todo el día terminó en una cosa y otra, llevándome la sorpresa de que Leo no tiene tiempo para respirar, las llamadas son constantes. Intenté preguntarle, pero todo fue en vano, su enojo y frustración crecían y crecían, lo último que recuerdo es que al llegar a casa me fui a encerrar a la habitación hasta salir hasta el siguiente día.
Saliendo de la habitación, rejuvenecida, relajada y con mucho positivismo, voy a desayunar al enorme comedor solitario, ya que dudo que él quiera acompañarme,