—Hola, Damián—saludó Ximena.
La voz sincera y amable de Damián se escuchó al otro lado:
—¿Te molesto si te llamo de repente? ¿Estabas descansando?
Ximena revisó la hora en su computadora.
—Damián, estás bromeando. Todavía no es hora del almuerzo.
Damián respondió:
—Entonces, estoy interrumpiendo tu trabajo.
—No, para nada—se apresuró a explicar Ximena, —acabo de terminar una reunión, así que no hay problema.
—Si es así, ¿tienes tiempo para almorzar juntos?—propuso Damián.
Ximena se sorprendió