Simona jamás creería que Eduardo traicionaría a Alejandro, ni aunque la mataran.
Estaba convencida de que Eduardo debía tener una razón de fuerza mayor.
En este aspecto, Simona confiaba plenamente en Eduardo.
Luis preguntó:
—Ya arreglamos lo de aquí, ¿cuándo regresamos?
Mariano giró bruscamente la cabeza hacia Simona.
Sintiendo su mirada, Simona desvió instintivamente la vista.
Un destello de dolor cruzó los ojos de Mariano.
—Simona, yo...
—Ya te lo dije— dijo Simona con voz calmada. —Ahora