Don Ramón entrecerró los ojos, pensando en cómo podría suprimir a Alejandro.
En la puerta, se escuchó un golpe.
Don Ramón gritó con enojo:
—¡Entra y habla!
La puerta se abrió y el guardaespaldas se acercó rápidamente:
—Señor, la señorita Santos ha regresado.
Don Ramón frunció el ceño,
—¿Solo ella?
—Sí.
—Tráela aquí.
—Sí, señor.
Después de hablar, el guardaespaldas se fue.
Don Ramón miró fríamente a Alejandro y ordenó:
—¡Sal de aquí!
Alejandro se levantó con calma, su mirada fría pasó por Don