En el momento en que abrió la puerta, Ximena se dio cuenta de que la persona parada afuera no era Alejandro. Era Damián. Ximena se quedó perpleja.
—¿Señor Pereyra? ¿Por qué está aquí a esta hora?— Damián tenía una leve sonrisa en el rostro.
—Esta noche tuve un compromiso y no pude invitarte a cenar, directora Pérez. Si no te importa, ¿podrías acompañarme a tomar algo?— Ximena reflexionó un momento.
—Bueno, entonces, ¿podría esperar un momento, señor Pereyra?— Damián miró a Ximena, que llevaba pi