Alejandro se sentó frente a la computadora, reproduciendo una y otra vez los archivos enviados por Andrés. Entrecerró los ojos, reflexionando sobre cómo resolver este asunto. Simplemente entregar estos documentos a la policía no parecía ser efectivo. Lo mejor sería que el asesino admitiera su crimen personalmente. Sin embargo, eso parecía ser bastante difícil.
Mientras pensaba en ello, su teléfono sonó de repente. Miró de reojo el teléfono en la mesa y vio que era Manuela quien llamaba, mostrand