—¿Voy a permitir que algo así suceda?— Alejandro se rió fríamente. —Estoy preparado para ello desde el principio.
Mariano suspiró.
—Probablemente solo tú serías capaz de enviar a tu propio padre a la cárcel por una mujer.
—¿Él merece eso?— Alejandro tenía un destello gélido en los ojos. —¡Él no merece ser llamado padre!
Mariano guardó silencio.
En realidad, tenía sentido. Don Ramón nunca mostró ningún afecto paterno hacia Alejandro. Siempre lo usó. Ahora, con la llegada de Felipe a la empresa,