Ximena se preguntaba cuánto dolor debía soportar al encontrarse con su enemigo todos los días.
Bajó la ventana del coche y el frío viento penetrante no logró aliviar su irritación.
—Señorita Pérez, su herida aún no está curada, ¿no sería mejor evitar el viento frío?— preguntó el guardaespaldas.
Ximena negó con la cabeza.
—Estoy bien, solo concéntrate en conducir.
Necesitaba calmarse y pensar en cómo revelarle a Alejandro que estaba siendo amenazada. Además, ¿cómo podría eliminar su sentimiento